La República Democrática del Congo lleva inmersa en una cruenta guerra desde hace más de una década. A lo largo de estos años, diversos grupos insurgentes, el ejército congoleño y guerrillas de países vecinos, como Ruanda, se han disputado enclaves estratégicos debido sobre todo a la presencia en ellos de yacimientos de minerales: oro, coltán, casiterita, etc.
Actualmente, las partes del conflicto en el Congo, concretamente en el este del país, en la región de Kivu Norte y Kivu Sur, son las Fuerzas Armadas Democráticas del Congo (FARDC) -en cuyas filas se integraron hace unos meses los hombres del General Nkunda, la guerrilla tutsi congoleña del Congreso Nacional de la Defensa del Pueblo (CNDP)- y el Frente Democrático para la Liberación de Ruanda (FDLR).
La violación de la mujer se ha convertido en un arma de guerra. Según datos de Médicos Sin Fronteras, el 90% de las violaciones en el país las cometen hombres uniformados. “Los agresores pertenecen tanto a la guerrilla del FDLR como al ejército congoleño; pero son estos últimos los que más violaciones perpetran”, señala el director en Congo de Oxfam Internacional, Marcel Stoessel.
La misión militar de Naciones Unidas en el país, la MONUC, el mayor contingente que la ONU ha mandado a un país en conflicto, ha cumplido 10 años de su mandato en Congo, mandato que renovará a mediados de este mes. Las ONG internacionales que operan en la zona han mostrado su disconformidad ante este hecho y han exigido que ese apoyo logístico y, desde el pasado febrero, militar se condicione al respeto de los Derechos Humanos por parte de las FARDC. Y es que desde que a inicios de año la MONUC empezara a dar apoyo militar al ejército congoleño, más de 7.000 mujeres y niñas han sido violadas y más de 1.000 civiles han muerto, según datos de Oxfam. Las mismas estadísticas indican que por cada militante del FDLR desmovilizado, un civil muere, 7 mujeres son violadas y 900 personas desplazadas.
Las diferentes maneras de trabajar de muchas ONGs siguen un mismo patrón: ofrecen atención médica y psicológica en un primer momento, para luego enseñarles un oficio, normalmente el de costurera. Finalmente, les ayudan a integrarse de nuevo en la sociedad y a valerse por sí mismas. Les ayudan a buscarse un modo de vida, un hogar, etc. Eso es indispensable, pues la violación es un estigma en Congo y el hecho de ser violada significa quedar apartada de la sociedad por completo, algo terrible en una sociedad que vive siempre en comunidad.
Violencia Sexual en el Congo
