Kashgar, la mítica “Ciudad-Oasis” de la región autónoma de Xingjiang, al nor-oeste de China ha ocupado siempre un lugar especial en mi imaginación.
En este Mercado legendario situado en medio de la ruta de la seda, la mayoría de sus habitantes son de la etnia Uygur, y como sus vecinos del Tibet, los Uygurs de Xinjiang tiene grandes aspiraciones independentistas.
El gobierno chino a menudo se refiere a los nacionalistas Uygurs como “terroristas” y gracias a ello ha recibido apoyo internacional para su propia “Guerra contra el terror” desde el 11S y que a la práctica ha significado carta blanca para reprimir a la disidencia Uygur.
Cuando llegué a Pekín sin ningún encargo a principios de Agosto del 2008, me vi totalmente abrumado y alienado por el circo mediático que rodeaba los juego Olímpicos.
El 4 y el 9 de agosto, el primer día de los juegos de Beijing, una serie de ataques con bomba ocurrieron en Xinjiang, que causaron numerosos muertos y heridos, y fueron pronto atribuidos a militantes Uygurs.
Fue entonces cuando decidí viajar a Kashgar con la intención de empezar a formar un retrato de este lugar y su gente.
La China Oculta
